¿Puede el capitalismo resolver realmente un problema cuando él mismo es la causa principal?
La primera semana de la COP27 comenzó con un debate entre las naciones coloniales sobre los mecanismos de la financiación climática, que incluían las pérdidas y daños, las reparaciones climáticas y la «mitigación global de las emisiones» en el marco del artículo 6 del Acuerdo de París. A pesar de que se mencionaran en el texto original, los pueblos indígenas y nuestros sistemas de conocimiento quedaron en gran medida excluidos de estos debates, mientras que los grupos de presión del sector del petróleo y el gas siguieron impulsando sus agendas y promoviendo soluciones falsas. ¿Su objetivo? Mantener el statu quo, lo que perpetuará los abusos contra los derechos humanos y los derechos de los pueblos indígenas y dará prioridad a «soluciones» que consideran la Tierra como nada más que recursos y márgenes de beneficio.
La economía como eje central
Parece evidente que la COP27 se propuso situar la economía en el centro y eludir cualquier compromiso anterior en materia de defensa de los derechos humanos y de los pueblos indígenas.
Resulta inconcebible que sigamos permitiendo que los propios culpables de la crisis —el colonialismo, el capitalismo, el extractivismo y la supremacía blanca— sean ensalzados como los salvadores de la crisis. Los grupos de presión del sector del petróleo y el gas volvieron a constituir la delegación más numerosa de la COP. Siguen ejerciendo una gran influencia en estos foros porque la mayoría de los Estados-nación no pueden imaginar el fin del capitalismo. Como si salvar la economía equivaliera a salvar el planeta.
Los mecanismos y tecnologías del mercado del carbono que se están promoviendo como parte de la acción climática contribuyen muy poco o nada a reducir las emisiones ni a detener los daños causados a las personas y al medio ambiente.
Tom Goldtooth, miembro de la Nación Navajo y activista en favor de la justicia medioambiental, climática y económica, ha llamado la atención sobre la continua mercantilización de la naturaleza a través del comercio de derechos de emisión de carbono:
«El comercio de derechos de emisión, las compensaciones y otros sistemas basados en el mercado… convierten el carácter sagrado de la capacidad de nuestra Madre Tierra para gestionar el ciclo del carbono en una propiedad que se puede comprar o vender en un mercado global… El comercio de derechos de emisión no contribuirá a proteger el clima de la Tierra. Es una falsa solución que entraña muchos riesgos, entre ellos el peligro de afianzar y agravar las desigualdades sociales y las violaciones de los derechos humanos. Desde la perspectiva indígena, es una violación de lo sagrado, así de sencillo».
¿El capitalismo al rescate?
Ponerle un precio a la naturaleza o invertir en tecnologías ideológicas no resuelve la crisis climática, sino que nos empuja aún más a aceptar que el capitalismo ha llegado para quedarse, aunque eso signifique el fin del mundo.
Así pues, las empresas con ánimo de lucro abarrotan los pasillos de las cumbres sobre el clima, como la COP27, y conciertan reuniones con los países para establecer las normas, fijar las políticas y convencer al mundo de que eso es lo que se necesita. Mientras tanto, las comunidades siguen sufriendo las peores consecuencias del extractivismo y se enfrentan a proyectos petroleros y gasísticos que invierten en reinventarse a sí mismos como nuestros salvadores, en lugar de como los culpables.
Eriel Tchekwie Deranger, directora ejecutiva de la ICA, ha sido testigo de primera mano de este cambio de imagen del capitalismo y las economías extractivas:
«Mi propia comunidad, la Primera Nación Athabasca Chipewyan, se encuentra aguas abajo del mayor proyecto industrial del planeta, las arenas bituminosas de Alberta. Hemos sido testigos de cómo estas falsas soluciones permiten que todo siga igual, a pesar de las súplicas de nuestras comunidades de que debemos «detener la destrucción, iniciar la sanación»… un lema utilizado por la Marcha por la Sanación de las Arenas Bituminosas. Al igual que hemos visto en los foros internacionales sobre el clima, en lugar de detener la expansión de las arenas bituminosas, los gobiernos y la industria impulsan acuerdos de compensación económica, o lo que en nuestro territorio se conoce mejor como Acuerdos de Impacto y Beneficios. Estos acuerdos ponen un precio a las pérdidas ecosistémicas y culturales provocadas por sus proyectos y también ofrecen otros supuestos beneficios para endulzar el trato. Se trata de contratos cerrados que a menudo exigen nuestro silencio sobre las cuestiones que surgen en relación con sus proyectos… convirtiéndose, en apariencia, en órdenes de silencio impuestas a nuestro pueblo».
En la actualidad, la Primera Nación Athabasca Chipewyan (ACFN) ha agotado todas las vías judiciales, normativas y de presión pública sin haber logrado, prácticamente, detener la expansión de las arenas bituminosas. En este momento, las autorizaciones de expansión se encuentran en su nivel más alto de la historia y las empresas explotadoras están obteniendo beneficios sin precedentes.
«Para nosotros, esto ha supuesto que nuestros dirigentes hayan considerado que no había otra opción que firmar acuerdos de compensación económica. Es cierto que contamos con un precioso centro para mayores y jóvenes, un centro de ocio, un sistema de filtración de agua y programas comunitarios, todos ellos adquiridos y financiados gracias al petróleo y al gas. Pero seguimos sufriendo graves consecuencias de la continua expansión y la creciente crisis climática… la disminución de especies, inviernos más cortos y cálidos que afectan a nuestra capacidad para desplazarnos por nuestras carreteras invernales y otros patrones climáticos cambiantes que afectan a nuestras vías fluviales y, en última instancia, a nuestra seguridad alimentaria y cultural ligada a la tierra. El dinero no puede solucionar estos problemas; solo puede hacerlo detener la destrucción que causan los proyectos de petróleo y gas».
Las naciones indígenas, como la ACFN, tenían la esperanza de que las llamadas a la acción recogidas en el informe del IPCC se integraran en las negociaciones y los resultados de la COP27. El informe insta a poner fin a la expansión del petróleo y el gas, a eliminar progresivamente los proyectos existentes en estos sectores y a tener en cuenta el papel que desempeñan el colonialismo y el capitalismo en la crisis climática. Sin embargo, en lugar de alcanzar un acuerdo global sobre la eliminación progresiva del petróleo y el gas, y de abordar el legado del colonialismo, los Estados-nación se centraron en mecanismos de mercado y sistemas financieros que permiten que todo siga igual y que el caos climático siga sin control.
Financiación para pérdidas y daños
La historia de la Primera Nación Athabasca Chipewyan se asemeja mucho a los acuerdos globales de financiación climática en materia de «pérdidas y daños», en los que los países vuelven a recurrir al dinero para hacer frente a los perjuicios, en lugar de eliminar dichos perjuicios de raíz.
Muchos colectivos han acogido con satisfacción la creación de un fondo para pérdidas y daños como una victoria. Si bien es evidente que existe la necesidad de financiación climática, ya que hay países que han contribuido en mayor medida a la crisis climática con elevados niveles de emisiones y graves violaciones de los derechos humanos, seguimos eludiendo algunas de las cuestiones sistémicas más amplias y las causas fundamentales de la crisis climática.
Los mecanismos financieros actuales que surgieron de la COP27 carecen de procesos y salvaguardias claros en materia de derechos humanos y de los pueblos indígenas, y no hay garantías de que estos recursos financieros lleguen alguna vez a quienes se ven más afectados por la crisis climática. En muchos casos, estos recursos acaban en manos de empresas que prometen soluciones tecnológicas. Aunque la financiación climática suene bien a primera vista, debemos analizarla más a fondo y no dejarnos llevar por promesas vacías.
La compensación económica es una maniobra de distracción que desvía la atención de la violencia que se sigue ejerciendo contra la tierra y nuestros derechos, y no es más que otra táctica del plan de expansión colonial.
Y ahora, ¿qué?
En las tres últimas Conferencias de las Partes (COP) de la CMNUCC (2019-2022), se ha ido intensificando el coro de pueblos indígenas que repiten el lema «El colonialismo provoca el cambio climático; los derechos de los pueblos indígenas son la solución». Comprender los orígenes de esa afirmación es tan importante como apoyar la promoción de la voz, los derechos y las formas de vida de los pueblos indígenas en estas negociaciones.
Como pueblos indígenas, siempre hemos vivido en relación con la tierra y las aguas, pero el colonialismo nos dice que nos equivocamos al pensar que formamos parte de cualquier sistema ajeno al capitalismo. El capitalismo, a su vez, nos dice que la tierra solo está destinada a ser utilizada, poseída y vendida. La tierra no es algo que se pueda poseer, controlar, comprar ni vender. La tierra es un pariente con el que mantener una relación de reciprocidad. Por eso decimos «Land Back» (Devolvednos la tierra), pero no lo vemos como un medio de control, sino como un primer paso para liberarnos de las garras de estos sistemas extractivos de opresión. Un primer paso hacia una vida en equilibrio, basada en la reciprocidad con la tierra, las aguas y nuestros otros parientes no humanos.
Nuestras comunidades han sentado las bases y establecido los estándares para unos estilos de vida, unas economías y unos sistemas con bajas emisiones de carbono. No solo necesitamos acceso a mecanismos financieros, sino que debemos estar capacitados para impulsar soluciones. Tenemos que ser quienes tomamos las decisiones. Necesitamos recuperar nuestras tierras. Tenemos que exigir que se ponga fin a los daños que sufren nuestras tierras, nuestras vías fluviales y nuestras comunidades. Necesitamos que se ponga fin a la expansión de los combustibles fósiles y necesitamos una estrategia de transición justa que se base en nuestra relación con los ecosistemas, no en la economía.
Por eso seguiremos manteniéndonos firmes, defendiendo nuestras tierras, nuestros cursos de agua, a nuestros familiares y a las generaciones futuras. Seguiremos estando presentes, seguiremos ocupando nuestro espacio y demostrando nuestra resiliencia y nuestra fuerza como pueblos indígenas.
Hablad vuestras lenguas, cultivad vuestras culturas, promoved vuestros modelos de gobernanza comunitaria, educación y economía. Mostrad al mundo que el futuro es indígena.

