Declaración de los pueblos por la justicia climática de la COP27

La delegación de la ICA tuvo el honor de reunirse con nuestros amigos y socios de todo el mundo el jueves 17 de noviembre con motivo de la Plenaria de los Pueblos celebrada en la COP27 en Sharm El Sheikh, Egipto. Representantes de organizaciones internacionales de pueblos indígenas, de mujeres y género, de jóvenes, de trabajadores y medioambientales se dieron cita con un claro mensaje de solidaridad.

Tras la sesión plenaria, cientos de personas salieron en marcha del recinto de la reunión para organizar una sentada frente a las salas de negociación donde se dio a conocer la declaración conjunta. Lee la declaración completa a continuación.


Nosotros, los representantes de los pueblos indígenas, las mujeres y los movimientos de género, la juventud, los trabajadores y los movimientos por la justicia medioambiental y climática de todo el mundo, en nombre de miles de organizaciones y millones de personas reunidas aquí en la COP27 en Sharm El Sheikh, declaramos lo siguiente:

El cambio climático ya afecta y amenaza a miles de millones de vidas, y hay otros miles de millones en juego. Son precisamente quienes menos han contribuido a provocar el cambio climático los que se ven más afectados, especialmente las mujeres, las personas negras, los pueblos indígenas y las personas de color, los trabajadores, los campesinos y la población rural, los jóvenes, las personas con discapacidad y las comunidades locales y de primera línea.

La crisis climática agrava las desigualdades e injusticias estructurales que están arraigadas en nuestros sistemas económicos y políticos, lo que ha dado lugar a una crisis de deuda cada vez más grave, una crisis mundial del coste de la vida, una creciente desigualdad y pobreza, el rebasamiento de los límites del planeta y la destrucción de la Madre Tierra.

A pesar de las numerosas y graves advertencias científicas, se está agotando el tiempo para mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5 grados centígrados. Los países del Norte Global, entre ellos Estados Unidos, el Reino Unido y los de la Unión Europea, son los que tienen la mayor responsabilidad histórica en cuanto a las emisiones. Se han enriquecido a lo largo de siglos de colonización de los pueblos indígenas y de explotación continuada de las comunidades y naciones del Sur Global, incluidos los pueblos indígenas de todo el mundo, y se han negado a asumir la parte que les corresponde para hacer frente a la crisis, así como a pagar su deuda climática y las reparaciones por las pérdidas y los daños que han causado. En cambio, ahora están dando marcha atrás en sus compromisos, ya de por sí débiles, al ampliar la exploración y la producción de petróleo y gas, incluida la actual carrera por el gas en toda África.

Al mismo tiempo, estamos asistiendo al auge del autoritarismo, la dictadura y el fascismo, lo que se traduce en la criminalización, el acoso, el encarcelamiento y el asesinato de quienes luchan por un mundo mejor para todos.

Reconocemos que:

  1. No puede haber justicia climática sin derechos humanos ni derechos de los pueblos indígenas. Hacemos un llamamiento a todos los gobiernos para que pongan fin a la reducción del espacio cívico y respeten los derechos y la dignidad de los pueblos indígenas, los trabajadores, los activistas climáticos, los defensores de los derechos humanos y los defensores del medio ambiente.  

  2. La crisis climática tiene un impacto desproporcionado en los derechos de millones de personas, trabajadores y comunidades marginadas en todo el mundo, especialmente en el Sur Global y entre los pueblos indígenas de todos los países, debido a su relación recíproca con la tierra y a la discriminación histórica a la que han estado sometidos. El cambio climático agrava las desigualdades e injusticias existentes, privando a estas personas de derechos humanos fundamentales, entre ellos el derecho a la vida, el derecho a la salud, el derecho a una vivienda segura y digna, el derecho a la alimentación, el derecho a medios de subsistencia y a un empleo digno, el derecho a un medio ambiente saludable y el derecho a la soberanía cultural.

Exigimos un cambio sistémico que incluya:

  1. La descolonización de la economía y de nuestras sociedades
    Garantizar y facilitar transiciones justas que aseguren a todas las personas el derecho a vivir con dignidad y en armonía con nuestro planeta. La transición debe ser democrática y seguir los principios de una economía del cuidado. Debe ser inclusiva y dar lugar a la justicia: una transición justa para los trabajadores y las comunidades afectadas, así como para todos los pueblos, lo que incluye una transición justa hacia sistemas de energía renovable descentralizados y propiedad al 100 % de los pueblos, mediante una eliminación gradual, justa y equitativa de los combustibles fósiles, y que dé prioridad a los servicios públicos universales, incluidos la sanidad y la educación; la soberanía alimentaria y la agroecología; la protección social, los derechos laborales y los salarios dignos; y que restaure la naturaleza y respete los derechos inherentes de la Madre Tierra. 

  2. El pago de la deuda climática y la entrega de los fondos
    Los países ricos deben saldar su deuda climática reduciendo las emisiones a cero real para 2030, tal y como recomienda el IPCC, y aportar financiación para hacer frente a los impactos climáticos —incluidas la adaptación y las pérdidas y daños— como parte de una reivindicación más amplia de reparaciones por la extracción de riqueza y la explotación de las personas y del planeta, que ha empobrecido deliberadamente al Sur Global. Deben proporcionar una financiación basada en las necesidades, con la escala y la urgencia requeridas. La financiación debe ser pública, a través de subvenciones, nueva y adicional, y llegar a las personas y comunidades más afectadas. Los fondos pueden obtenerse mediante la introducción de impuestos sobre el patrimonio para el 1 % más rico y de impuestos sobre los beneficios de los grandes contaminadores. Además, exigimos la cancelación inmediata de la deuda insostenible e ilegítima. 

  3. La defensa de los 1,5 °C con objetivos de «cero real» para 2030 y el rechazo a las soluciones falsas
    Los combustibles fósiles son el principal motor de la emergencia climática. Las naciones deben comprometerse a liderar una eliminación rápida, justa y equitativa de la producción de combustibles fósiles para 2030, con el fin de mantenerse muy por debajo de los 1,5 °C. Debemos realizar la transición hacia sistemas de energía renovable y eficiencia energética justos y equitativos, de propiedad popular y descentralizados, para evitar daños catastróficos a todos los pueblos. No podemos permitir que la industria de los combustibles fósiles siga dictando las normas y financiando las negociaciones climáticas. Debemos poner fin al control corporativo y reestructurar el sistema para que sirva a las personas, no a la codicia de quienes contaminan. Los gobiernos deben rechazar categóricamente las soluciones falsas y los planes de «cero emisiones netas» que encubren políticas e intenciones de seguir contaminando. Esto incluye las compensaciones de emisiones, los mercados de carbono, las tecnologías de captura de carbono, las soluciones basadas en la naturaleza, la geoingeniería, la agricultura climáticamente inteligente y otras medidas que son ineficaces, injustas, arriesgadas y destructivas. Los países ricos, que son los principales responsables de haber provocado la crisis, no pueden ahora dedicarse al «colonialismo del carbono» y deben descarbonizarse por completo para 2030, de acuerdo con los datos científicos del IPCC. 

  4. Fomentar la solidaridad mundial, la paz y la justicia
    Reconstruir el multilateralismo y la cooperación como base del internacionalismo, la paz y la justicia, poniendo fin a todas las guerras, ocupaciones y conflictos. Garantizar un entorno seguro y propicio para la sociedad civil. Fomentar la solidaridad mundial entre los pueblos, los trabajadores y las comunidades como base de un movimiento por la justicia y la paz. Garantizar que los derechos humanos ocupen un lugar central en todas las medidas y negociaciones relacionadas con el clima. 

Nos solidarizamos con todos nuestros movimientos que se enfrentan a una reducción del espacio cívico, lo que incluye la represión, la criminalización y el encarcelamiento. Aquellos que luchan por hacer realidad los sueños de un mundo mejor nos inspiran, nos guían y nos animan a seguir siendo valientes y decididos. El valor de nuestros pueblos, tanto aquí como en todos los rincones del mundo, tiene su origen en la SOLIDARIDAD.

Nosotros, el pueblo, declaramos ante todo el mundo que no puede haber justicia climática sin derechos humanos. Nuestra lucha es por el futuro mismo de la humanidad y por un planeta habitable. Es una lucha a vida o muerte. Nos negamos a permitir que se sacrifiquen los pueblos del Sur Global, los pueblos indígenas de todos los países y las comunidades más vulnerables. 

Nos comprometemos a no permanecer nunca en silencio ante la injusticia y a estar codo con codo con quienes lo necesitan. 

Con una sola voz exigimos la liberación inmediata de Alaa Abd El Fattah y del resto de presos de conciencia. ¡Aún no estamos derrotados y nunca lo estaremos!

#LiberadAlaa #LiberadlosATodos 

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Resumen semanal, 26 de noviembre de 2022