COP27: Pérdidas y daños a los derechos de los pueblos indígenas

Esta última semana, menos de un mes después de la clausura de la COP27, los gobiernos coloniales vuelven a reunirse para asistir a la Convención de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CDB), en su 15.ª Conferencia de las Partes (COP) para negociar la protección y la conservación de la biodiversidad mundial en pro de la salud del planeta. Las conexiones entre esta reunión de la ONU y las conclusiones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), COP27 no deben subestimarse. Ambos foros de la ONU se enfrentan al reto de incluir formulaciones y procesos que reconozcan los derechos humanos y los de los pueblos indígenas, al tiempo que luchan por garantizar que la economía siga siendo el eje central de toda la toma de decisiones. Una y otra vez, vemos cómo estos espacios coloniales anteponen la industria y el beneficio económico a las personas y al planeta.

Pérdida del lenguaje

Han pasado poco más de tres semanas desde que la ICA, junto con cientos de delegaciones indígenas más, regresara a casa tras la COP27 de la CMNUCC celebrada en Sharm el Sheikh, Egipto. Este año, los pueblos indígenas siguieron siendo la segunda delegación más numerosa de la sociedad civil, solo superada por los grupos de presión del sector del petróleo y el gas. Un dato alarmante de la COP de este año fue que la participación del sector del petróleo y el gas aumentó un 25 % con respecto al año anterior. Esto se podía observar en los pabellones estatales, los pabellones privados y la feria comercial sobre el clima, donde se llevó a cabo una intensa campaña narrativa para intentar dar una imagen ecológica y reinventar la imagen de los propios culpables de la crisis climática, presentándolos como actores imprescindibles para salvar el planeta. 

En lugar de alejarnos de los sistemas coloniales —sistemas como el capitalismo depredador—, nos estamos encerrando en ellos y los mantenemos como eje central de las llamadas «soluciones climáticas». Esto va en contra de lo que necesitamos: nuevos sistemas y valores que impulsen soluciones reales a la crisis climática. 

Eriel fue la última miembro de la delegación de la ICA en regresar a casa tras la COP27. Aunque estaba previsto que la conferencia oficial concluyera el día antes de su vuelo, las negociaciones se prolongaron hasta después de su partida.

«Partí en un vuelo temprano por la mañana tras una noche en vela a la espera de los resultados finales de la COP, que se prolongó hasta la prórroga doble. Esperé las últimas noticias en la zona de embarque y, con cada una de ellas, sentí una tristeza abrumadora ante los resultados. Todavía estoy intentando asimilar y expresar mis pensamientos y sentimientos al ver cómo décadas de trabajo —tanto personal como de lo que he presenciado— de los pueblos indígenas quedaban en el olvido». 

Durante décadas, los grupos indígenas y de la sociedad civil han estado trabajando para promover, en el marco de las negociaciones de la CMNUCC, un lenguaje que incluya los derechos humanos y los derechos indígenas, y hemos visto cómo estas demandas se han incorporado con éxito al Acuerdo de París definitivo (con seis referencias específicas a los derechos de los pueblos indígenas). Y lo que es más importante, trabajábamos para garantizar que la crisis climática no se abordara únicamente desde una perspectiva económica, sino que se dejara espacio para las perspectivas y soluciones indígenas. Sin embargo, desde entonces, las negociaciones sobre la aplicación y la puesta en práctica del Acuerdo de París han socavado estos avances. En lugar de salvaguardias para los derechos humanos y los derechos de los pueblos indígenas, se han hecho concesiones a las empresas, al sector del petróleo y el gas, al ejército y a algunos de los mayores contaminadores para que sigan actuando como siempre, con el fin de salvar la economía por encima de la carrera por salvar el planeta. 

¿A cuánto asciende el daño?

En lo que respecta a los resultados de la COP27, los Estados contrarios han echado por tierra décadas de trabajo realizado por los pueblos indígenas y la sociedad civil. De hecho, las negociaciones han abierto una vía que permite que continúen las vulneraciones de los derechos humanos, indígenas y medioambientales. Además, el IPCC pidió que se pusiera fin a la expansión del petróleo y el gas y otros factores económicos que impulsan la crisis climática. El informe también señalaba al colonialismo como uno de los factores que impulsan la crisis y destacaba la necesidad de proteger aún más la biodiversidad restante para salvar el planeta. Sin embargo, en lugar de respaldar estas recomendaciones, los resultados de la COP27 crearon lagunas y estrategias para mantenernos ocupados y atrapados en el sistema colonial y capitalista que pone a las personas y a los ecosistemas en mayor riesgo.  

Para colmo de males, en lugar de medidas contra el cambio climático, ahora nos encontramos con un montón de promesas vacías sobre tecnologías y soluciones que «podrían funcionar en el futuro» y grandes sumas de dinero destinadas a remediar el problema a través de los nuevos mecanismos de financiación climática acordados y aplaudidos por muchos.

En este momento hay numerosos artículos y ensayos que destacan los resultados y los fracasos de este encuentro, entre los que se incluyen:

Una de las declaraciones más conmovedoras que escuchamos en la COP27 tuvo lugar durante la rueda de prensa del Foro Internacional de los Pueblos Indígenas sobre el Cambio Climático (IIPFCC), cuando un delegado afirmó: «¿Para quién estamos salvando el planeta?», en respuesta al estado de las negociaciones durante la primera semana. 

El dinero no nos salvará

Muchos colectivos han acogido con satisfacción la creación de un fondo para pérdidas y daños como una victoria. Si bien es evidente que ha habido países que han contribuido en gran medida a la crisis climática con elevados niveles de emisiones y graves violaciones de los derechos humanos, es evidente que se necesita una compensación. Sin embargo, si seguimos eludiendo algunas de las cuestiones sistémicas más amplias y las causas fundamentales de la crisis climática, lo único que estamos haciendo es distraer la atención y montar un espectáculo. 

La financiación para pérdidas y daños, aunque necesaria en este momento, sigue basándose en el dinero para hacer frente a los perjuicios, en lugar de eliminar los propios perjuicios. Además , no se trata de poner fin a las actividades perjudiciales, sino más bien crear una nueva partida presupuestaria en las cuentas de las empresas multimillonarias o de los Estados para comprar nuestro consentimiento.

Aunque las comunidades de todo el mundo tienen derecho a recibir reparaciones por parte de las naciones coloniales y las industrias extractivas que estas respaldan, no queremos frenar la lucha por soluciones reales que nos protejan de nuevas pérdidas y daños. La compensación económica es una maniobra para desviar la atención y distraer de la violencia que se sigue ejerciendo contra la tierra y nuestros derechos, y no es más que otra táctica del plan de expansión colonial. 

Una mirada hacia el futuro

Nuestros pensamientos están con los millones de comunidades que seguirán siendo las zonas de sacrificio de las corporaciones multimillonarias a las que solo les importan sus beneficios y los intereses de sus accionistas. Merecemos ser algo más que una simple partida en sus presupuestos; al fin y al cabo, hemos sido los responsables de salvaguardar el 80 % de la biodiversidad mundial. Deberíamos impulsar soluciones que beneficien a nuestras comunidades y a nuestros familiares. Las respuestas pasan por restablecer estas relaciones y aprender a escuchar un lenguaje que tantos han olvidado: el lenguaje de la tierra. 

Aunque existe una clara necesidad de que los pueblos indígenas sigan participando en estos foros de la ONU, la labor de la ICA y de tantos otros sigue centrándose en nuestras comunidades, nuestras relaciones y en nosotros mismos. Necesitamos un cambio global que nos aleje de centrar el debate en la economía y nos lleve a centrar y proteger las voces de quienes ya están protegiendo nuestras tierras, el agua y la biodiversidad del mundo.

En la COP28 tenemos que echar a los contaminadores, a las empresas petroleras y de gas, y a otras empresas contaminantes. Tenemos que detener su expansión y asegurarnos de restablecer la protección de los derechos humanos, indígenas y medioambientales. 

Eriel añade: «Este mes no voy a participar en las negociaciones de la COP15 del CDB, donde, según he oído, tienen previsto intentar crear el “Acuerdo de París” sobre biodiversidad, aunque las negociaciones ya se están degradando en un debate sobre quién va a pagar por ello. La conversación que debemos plantear es cómo reconciliarnos con el fin del capitalismo para que el mundo sobreviva, en lugar de quedarnos atascados en cómo el capitalismo puede sobrevivir al fin del mundo».

Anterior
Anterior

Resumen semanal, 7 de enero de 2023

Siguiente
Siguiente

La ICA publica un nuevo informe resumido en la COP15 y reafirma que la iniciativa «Land Back» es una solución climática